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§07

Un eclipse es algo sobrecogedor

13 de agosto de 2026· 7 min de lectura

Había pasado semanas intentando decidir cómo sacar el dichoso eclipse. Que si ir con la cámara y hacer solo fotografía de paisaje, que si poner el telescopio con filtro de luz blanca y retirarlo durante la totalidad para intentar sacar la corona solar, que si aprovechaba el H-alfa… Al final me decidí por la configuración más cómoda que me permitiera disfrutar del momento sin tener que estar demasiado pendiente de nada.

Fui al eclipse pensando en mirar.

Eso salió bien. Muy bien. Demasiado bien, porque ahora me temo que no voy a poder parar de intentar ver más eclipses.

Lo demás salió como suelen salir las cosas que dependen de una alineación diurna aproximada, una fuente de alimentación temperamental y una montura que necesita corriente para recordar hacia dónde mira. Alrededor del telescopio, un grupo de personas emocionadas miraba la pantalla del ordenador mientras se construía en tiempo real el timelapse del eclipse.

El eclipse en H-alfa. Versión estabilizada, corregida y coloreada; 36,5 segundos que condensan unos 73 minutos de observación.

Lo que unen los telescopios, que no lo separe nadie§

La observación tuvo lugar en el Centro de Investigación de la Baja Atmósfera, el CIBA, en Villalba de los Alcores. Volver a compartir una actividad astronómica con compañeros del Grupo Universitario de Astronomía y de la Sociedad Astronómica Syrma fue una parte importante del día. También lo fue reencontrarme con compañeros de Physics League, la asociación de divulgación científica a la que pertenecí durante la carrera, y volver a ver a antiguos profesores de Física.

Habían pasado muchos años, pero no hizo falta reconstruir nada. Bastaron los telescopios, las conversaciones interrumpidas para mirar al cielo y esa mezcla tan reconocible de rigor, curiosidad y cacharreo. La astronomía tiene esa capacidad: puedes alejarte durante años y una sombra proyectada a cientos de miles de kilómetros te devuelve de golpe a la gente con la que aprendiste a mirar.

El CIBA hizo posible que pudiéramos reunirnos en un lugar excepcional. Es una estructura interdisciplinar de la Universidad de Valladolid dedicada a la investigación, la formación y el desarrollo de tecnología para estudiar la atmósfera y el clima. Está situado en terreno abierto, a unos cuarenta kilómetros al norte de Valladolid, y cuenta con torres de observación de diez y cien metros. En sus instalaciones se realizan mediciones meteorológicas y trabajos relacionados con aerosoles, nubes, radiación y gases de efecto invernadero.

Quiero agradecer al centro que nos permitiera utilizar la localización. No era únicamente un buen horizonte para observar un eclipse al atardecer. Había algo especialmente apropiado en contemplar el Sol desde un lugar construido para medir cómo su energía atraviesa y transforma nuestra atmósfera.

El plan y la realidad nunca van de la mano§

Utilicé un Sky-Watcher HelioStar 100Ha y una ZWO ASI432MM. La cámara registró una imagen monocroma cada diez segundos en un único archivo SER. El campo incluía el disco solar completo y permitía mantener la misma configuración de tubo, cámara y filtro durante todo el eclipse. Sin cambios de equipo durante la totalidad. Sin tener que elegir entre mirar y desmontar algo en el momento crítico.

La montura estaba alineada a la polar de forma aproximada durante el día. Era suficiente mientras funcionase el seguimiento, pero no para abandonar el equipo durante mucho tiempo. Entonces la fuente de alimentación comenzó a dejar de mandar corriente a la montura (tengo que revisar esos cables…).

Cada corte detenía el seguimiento. El Sol empezaba a derivar. Había que recuperar la corriente, encender de nuevo la montura y reencuadrar deprisa, mientras la Luna seguía avanzando sin esperar a que lo reconfigurase todo. En algunos momentos el Sol atravesó buena parte del sensor entre dos fotografías. Hubo reencuadres demasiado bruscos, fotogramas casi negros y personas que pasaron por delante del telescopio. Después de la totalidad, cuando lo que apetecía era comentar la experiencia con la gente y terminar de digerirla, el material se volvió todavía más irregular.

Este es el vídeo de partida. No está estabilizado, no sustituye exposiciones fallidas y utiliza una conversión monocroma fija. Los saltos, apagones, derivas y obstrucciones pertenecen a la captura. Conserva los primeros 528 fotogramas del SER; solo eliminé la cola final.

La secuencia antes del procesado: deriva por el alineamiento polar imperfecto, pérdidas de seguimiento tras los cortes de corriente, reencuadres y obstrucciones.

No es un vídeo limpio. También es una descripción bastante fiel de aquella tarde.

Arreglar lo que no sé arreglar§

Llegué a casa cerca de las doce de la noche. Después del eclipse nos habíamos quedado merendando, hablando y aprovechando para ver las perseidas. Abrí el vídeo y vi lo que realmente había grabado.

Hace unos años lo habría guardado en una carpeta y allí se habría quedado. No porque no tuviera arreglo, sino porque yo no sabía arreglarlo y hacerlo a mano habría sido una locura. Esta vez le pasé el SER con sus 554 imágenes a un agente y empezamos por el primer problema: mantener el Sol centrado en todos los fotogramas.

Costó bastante más de lo que parece. Yo le decía en qué segundo se rompía, él volvía a los datos y probaba otra cosa. En una de las versiones acabó centrando una protuberancia durante la totalidad: al no encontrar el disco, decidió que aquello debía de ser lo importante. Metí a otro agente a revisar el trabajo del primero y ahí apareció el error de fondo. El programa estaba confundiendo dos bordes que son opuestos: en el limbo del Sol la luz crece hacia el disco y en el borde de la Luna decrece. Con esa distinción podía calcular el centro aunque solo quedase un creciente. Los saltos había que cancelarlos y no suavizarlos, porque cada apagón y cada reencuadre habían ocurrido de verdad. Durante la totalidad, sin borde que medir, solo se interpoló dónde debía quedar el centro.

Cinco fotogramas de diagnóstico con los círculos calculados para el limbo solar
Una hoja de diagnóstico de la estabilización. Verde: centro medido. Rojo: posición interpolada en un fotograma de la totalidad sin borde suficiente.

El color fue peor. El primer revelado salía demasiado claro. El siguiente traía un anillo brillante alrededor del disco y, al quitarlo, apareció uno negro. Un agente proponía, otro revisaba y yo aportaba la parte para la que todavía no tenemos una métrica demasiado buena: mirar la pantalla y decir que aquello quedaba fatal. Probábamos sobre seis fotogramas en vez de sobre los 554, hasta que quedó claro que la superficie y las protuberancias llegaban al borde con tonos incompatibles y había que igualarlas antes de mezclarlas.

Comparación de tres etalonajes rojos aplicados a seis fases representativas del eclipse
Variantes A, B y C del etalonaje en rojo sobre seis fotogramas. La elección posterior del dorado fue una decisión aparte.

Con la secuencia entera ya procesada, un análisis automático señaló decenas de fotogramas sospechosos que no tenían nada de malo: eran oscuros porque estábamos en totalidad. Rotas de verdad había tres, y esas tres se sustituyeron por una mezcla de sus vecinas. Ninguna de esas tres sustituciones afectó a fotogramas de la totalidad. La última revisión se la encargué a un agente que no había participado en las decisiones anteriores; dio el procesado por bueno y avisó de un tramo final en el que el problema ya no era el algoritmo, sino que el telescopio había dejado de seguir al Sol. Ese tramo se ve al final del vídeo original y quedó fuera de la versión que encabeza este texto.

No hubo un prompt genial. Hubo una conversación larguísima en la que los agentes escribieron código, midieron cientos de imágenes, se corrigieron entre ellos y se equivocaron mucho. Aun así, fue bastante más corta que arreglar el vídeo a mano. Sinceramente, qué pereza.

El dorado es falso color aplicado a las imágenes de una cámara monocroma. La estabilización desplaza los fotogramas y las tres interpolaciones sirven únicamente para dar continuidad al vídeo; no producen datos científicos. Si quieres entender cómo funciona un telescopio solar como este, lo explico con calma en H-alpha.

Mosaico de ocho etapas del eclipse en H-alfa, desde el disco casi completo hasta la salida de la totalidad
Ocho momentos de la secuencia procesada. El cambio de orientación del creciente corresponde al avance de la Luna sobre el disco solar.

Lo que quedó§

Quedó un vídeo imperfecto de una captura todavía más imperfecta, pero del primer eclipse total de mi vida.

Podría haber cortado todo lo que delata los problemas. De hecho, la versión principal termina antes del último tramo, cuando la pérdida de seguimiento domina ya la imagen. Pero he querido conservar y enseñar también el original. No solo porque explica el trabajo de procesado, sino porque los fallos forman parte de lo que ocurrió.

La fotografía astronómica suele presentarse como una imagen terminada, separada del frío, de los cables, de los errores y de la gente que había alrededor. Aquella tarde hubo una montura que olvidaba seguir el cielo, prisas, reencuadres y personas cruzando por delante. Y hubo compañeros a los que hacía tiempo que no veía, profesores que formaron parte de otra etapa y un lugar dedicado a estudiar la atmósfera que nos abrió sus puertas para mirar más allá de ella.

El resultado final está arriba. Lo importante ocurrió fuera del encuadre.

PD: Siempre comentamos lo que debían de flipar nuestros antepasados con los eclipses. Lo contamos con cierto paternalismo, como si nosotros hubiéramos superado ya esa clase de miedo. También nos encantan historias como la de Colón, quien, varado en Jamaica, consultó un almanaque europeo que anunciaba el eclipse lunar de 1504 y utilizó el fenómeno para intimidar a la población indígena y obtener provisiones.

Estas semanas hemos escuchado que la Tierra perdería la gravedad durante siete segundos y audios que aconsejaban desconfiar de las gafas homologadas, mientras otros recomendaban filtros caseros capaces de causar lesiones. Tenemos toda la información en el bolsillo y seguimos eligiendo el bulo. Quizá deberíamos mirar con algo menos de suficiencia a quienes vivieron hace siglos.